Mi nombre es Marco Julio, de sobrenombre Pozo.
Soy ciudadano romano y descediente de los linajes mas puros de algunos de los más grandes romanos de la historia, entroncando, a traves del mismo Romulo, fundador de la ciudad, del dios Marte y de la misma Venus.
Mis antepasados ocuparon los cargos más relevantes de la ciudad y ayudaron a que esta pequeña aldea del Lacio se expandiera por el universo e impusiera la paz en todo el mundo conocido.
No obstante, mi familia cayó en desgracia tras las guerras civiles hace ya más de un siglo, y han reducido todos sus miembros a una sola persona: yo mismo.
Uno de mis antecesores, S. Julio, fue proscrito por Antonio y expulsado de los cargos dirigentes y del papel que por nacimiento le hubiera correspondido ejercer en la historia romana del siglo VIII a.U.c. Pudiendo llevar una vida en el anonimato en tierras italianas, trabajando como jornalero en tierras de los grandes nobles latifundistas y limpiando las cloacas de algunas ciudades del Piceno, de donde viene el origen de mi cognomen. No obstante, consiguió la supervivencia de mi familia durante varias generaciones y mantener el estatus de ciudadano romano, pero sumido en la pobreza y la ignominia.
Mi padre, también llamado Marco, murió hace un año, siendo yo también huérfano de madre desde mi nacimiento. No tengo hermanos, ni más familia conocida, pero no estoy solo en el mundo. Me acompaña la diosa fortuna en cada paso que doy. Mi padre, al igual que le enseñó el suyo, y yo haré con mi hijo en su momento, me enseñó a leer y escribir en latin y griego, asi como la historia de mi familia y de mi patria, utilizando libros acartonados que pertenecieron a la familia desde tiempos inmemoriales. Me crie feliz en el campo, en una finca pequeña en la que nos dedicábamos al cultivo del olivo en las cercanías de Tusculum, donde asistí con asiduidad al teatro y al circo, y conocí muchos amigos y compañeros, de los cuales bastantes nunca volvieron de tierras lejanas acompañando al águila romana, una vez que le llegó la edad.
Como dije, hace un año mi padre falleció. Agobiado por las deudas, la finca donde viviamos fue subastada por las deudas que contrajo mi padre, a las que no pudo hacer frente por la codicia de los nobles locales, que le extrujaron con intereses desorbitados y que nos llevaron de nuevo a la miseria. Entonces, se alisto en las legiones, y en Germania, fue muerto por los bárbaros en una emboscada y a traición, según decía la carta que un mensajero del ejército me hizo llegar a la casa de mi amiga Areté, un liberta viuda afincada en Tusculum, que se emcaprichó de mi y me ofreció su hospitalidad.
Junto a la carta venía el testamento de mi padre. En el dice que su paga militar se encuentra disponible para mi en Roma. Por lo tanto, he decidido ir allí, de donde mi familia nunca debió salir, cobrar mi herencia, intertar hacer fortuna y, de la manera que sea, recuperar el prestigio familiar, que nos fue arrebatado por la codicia de demagogos y tiranos, para restablecer el orden natural de las cosas. Es una oportunidad que me da mi diosa predilecta.
Al fin y al cabo, yo siemre lo he sabido... porque estoy destinado a ello. Soy... un favorito de la fortuna